Susana Mata traslada a la contemporaneidad la concepción pictórica como búsqueda esencial que prescinde de lo superfluo, de lo narrativo, para ahondar en una urdimbre de sensaciones y recuerdos depositadas en una imagen.

Cuerpos volumétricos, amplias gamas de colores que oscilan entre terrosos y bermellones, cerúleos y turquesas, construyen escenas en las que la simetría cezanniana se tuerce. La armonía sucumbe ante la fuerza dinámica de las diagonales; temas apacibles (bañistas, durmientes…) se someten a planos sesgados que nos abisman en escenarios paradójicos. Actividades como pintar, hacer la siesta o zambullirse en el agua son excusas para replegarse en uno mismo. Escenarios en los que prima la figura aislada, aún estando en compañía.

Anna Adell

Historiadora de Arte